42.  Casa de Los Leones (La Placilla)

@José Luis Sara
Fachada Palacio de Aranibar

Podemos afirmar que el modelo más representativo de las casas barrocas de El Puerto de Santa María, es la construida por orden de don Pedro Montes en 1790, denominada «Casa de la Placilla».  Popularmente también se le conoce como «La Casa de los Leones», calificativo que debe a los dos relieves que posee sobre las pilastras que enmarcan la puerta de entrada bajo el balcón principal.

 El edificio presenta la estructura de fachada-retablo propia del barroco, y tanto en su calle central y principal como en los laterales, posee motivos propios de este estilo, como el baldaquino, las columnas salomónicas y el frontón ondulado. El recargamiento de la decoración, los relieves mixtilíneos de las ventanas, el dosel a modo de cortina que cubre la puerta de entrada y los entrantes y salientes de las cornisas y de toda la fachada en general, así como su consiguiente efecto de claroscuro, confieren a la fachada un estilo barroco puro y recargado.

Denominada popularmente Casa de los Leones por los relieves que se hallan sobre las pilastras que enmarcan la fachada, también es conocida como la Casa de la Placilla por su ubicación.

Se ha calificado como la más representativa de las casas barrocas de la ciudad y uno de los ejemplares más característicos de la arquitectura civil del barroco gaditano. Por varias peculiari-dades resulta un caso singular entre las casas-palacios de El Puerto.Desde los orígenes de la empresa americana El Puerto de Santa María desempeñó un papel destacado que llegó a su apogeo en el siglo XVIII. Volcada al comercio con América, la ciudad se convirtió en un importante puerto exportador y en enlace entre el interior y las colonias de ultramar. Durante este periodo, en parte por los movimientos de inmigración. Atraídos por la intensa actividad mercantil, se instalaron en la zona numerosos comerciantes procedentes de otras regiones españolas y también extranjeros. Entre ellos destaca el poderoso colectivo de Cargadores de Indias, pero junto a ellos existen otros grupos de medianos y pequeños comerciantes. Una parte considerable de la inmigración nacional procedía de la cornisa cantábrica. Concretamente los santanderinos, conocidos como “los montañeses” constituyen un grupo cualitativamente importante, numeroso y bien definido con fuertes intereses colectivos, integrantes de un potente y activo gremio cuya presencia se hará sentir en la vida local. Eran por lo general pequeños comerciantes en establecimientos de comestibles y tabernas encargados de buena parte del abastecimiento del mercado local. Los más afortunados económicamente eran también los almaceneros de “bacalao y semillas”.

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A este grupo social y económico perteneció el comerciante que mandó construir la Casa de los Leones. Jacinto Diez (o Díaz) de Celis, natural de Torrelavega, se asentó en El Puerto con su familia en torno a 1760. Pronto debió prosperar, ya que adquirió la finca en 1765 y en 1766 comenzaron las obras. La construcción finalizaría a partir de 1780, según la fecha, cuya última cifra no se aprecia, grabada en el frontón que remata la portada. La casa parece concebida como una inversión, además de cómo vivienda del propietario. La planta baja albergó establecimientos comerciales y otros inquilinos habitaron el entresuelo. Permaneció en manos de su familia hasta 1843 y, después de pertenecer a diversos propietarios, en la actualidad es propiedad de la familia Ojeda Lores.

La monumental y grandiosa fachada es el elemento más identificativo y sobresaliente desde el punto de vista artístico. Se caracteriza por el dinamismo, teatralidad, efectos de claroscuro y profusión ornamental propios del estilo barroco en una época ya avanzada. Dividida en tres plantas con distribución simétrica, en el eje central destaca la original portada, construida a modo de retablo en piedra con tres cuerpos. El primero lo ocupa la puerta de entrada, cubierta por un cortinaje recogido a dosel labrado. En el segundo cuerpo una hornacina flanqueada por columnas salomónicas alberga la imagen de la Virgen de Las Caldas y sobre ella la paloma, símbolo del Espíritu Santo. En el tercero se abre el gran balcón alabeado con herrajes de líneas ondulantes. En el resto de la fachada abundan los vanos distribuidos simétricamente y ornamentados con molduras mixtilíneas. Completan la decoración cornisas entrantes y salientes, altas pilastras clásicas y jarrones en el antepecho de la azotea.

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En el interior más sencillo, se distribuye alrededor de dos patios. El principal se diferencia del característico en el tipo de casas. A él se abren galerías con techos de vigas de madera y ladrillos y barandas de herrajes tradicionales. En la planta baja el vuelo se refuerza con jabalcones artísticos de hierro forjado. Destacan también los arcos, columna y el friso labrado de acceso a la escalera.

Especialmente la fachada ha sido motivo de inspiración para numerosos pintores que le han representado con distintas técnicas y visión personal. Aunque en esta exposición no se recogen todas las obras, se ha intentado localizar una muestra representativa.

La Virgen de Las Caldas representa otro elemento singular. La imagen recientemente restaurada en el Museo Municipal es de autor anónimo y está realizada en terracota policromada. La advocación es de origen montañés, muy arraigada desde época medieval en todo el cauce del río Besaya y en los alrededores de Torrelavega, población de la que era originaria la familia Diez de Celis. Tomaría su nombre de unos manantiales de aguas termales cercanos. En cuanto a su presentica en la hornacina de la fachada, no sabemos si se debe exclusivamente a la devoción particular de los dueños de la casa o si tuvo alguna vinculación con el importante y compacto gremio de montañeses.

 A finales de la década de los ochenta la finca se hallaba totalmente desocupada y en mal estado de conservación. Ante esta situación, la familia Ojeda Lores emprendió la iniciativa de rehabilitar la casa. El proceso, iniciado a mediados de los noventa y concluido a principios de 2000, ha supuesto la recuperación del edificio. La casa está catalogada en la relación de edificios protegidos del Plan Municipal de Ordenación (PGMO). El criterio seguido ha sido el de conservar en esencia la estructura de la casa y restaurar sus elementos mas definitorios (especialmente la fachada, galerías, patio y núcleo de escalera). La adaptación para su nuevo uso como establecimiento hotelero de apartamentos se ha realizado respetando el conjunto de elementos a conservar.

Esta exposición permanente, patrocinado por el Grupo empresarial Ojelosa-La Perla y organizada conjuntamente con el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, tiene prevista su ampliación y pretende contribuir al conocimiento, disfrute y difusión de un elemento notable del Patrimonio Histórico Portuense.

 Enrique Pérez Castallo

Galería de imágenes

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