15. Dolorosa y San Juan (Iglesia de San Joaquín)
En el retablo mayor de la Iglesia de San Joaquín de El Puerto de Santa María, realizado por el escultor-tallista portuense Ovando en 1947, se enmarca la escena de un Calvario cuyo Crucificado, el Cristo de la Vera-Cruz es una obra anónima del siglo XVII.
A su derecha, aparece la efigie de Nuestra Señora de los Dolores, mientras que a su izquierda, figura una escultura de San Juan. Ambas tallas, realizadas en el siglo XVII, están atribuidas al famoso escultor sevillano Pedro Roldán, artista bastante solicitado por las cofradías de penitencia para la realización de las figuras de sus pasos.
Las agrupaciones de escultores o la realización de diferentes tallas siguiendo una única iconografía no debió ser novedad para Roldán, ya que en su producción son frecuentes los grupos escultóricos. Pedro Roldán nace en Sevilla en 1624. Fueron sus padres Marcos Roldán e Isabel de Fresnada u Oviera, vecinos de Antequera. En 1638, entra como aprendiz en el taller de escultor granadino Alonso de Mena.
En 1646 se traslada a Sevilla donde realiza algunas de las obras que le han consagrado dentro del mundo artístico, tales como el Descendimiento, de la parroquia del Sagrario, el Santo Entierro de Cristo, del Hospital de la Caridad, o imágenes tan interesantes como el Nazareno de la O de Triana o Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Iglesia de San Vicente.
En 1658 obtuvo el título de pintor, lo cual le facilitó la posibilidad de estofar, dorar y policromar sus propias obras. Fallece en Sevilla en los primeros días de agosto de 1699 a los setenta y cinco años. La imagen de San Juan se representa en actitud erguida, ataviado con una túnica verde sobre fondo dorado, con mantolín granate también tallado.
Presenta su mano derecha pegada al pecho y la izquierda separada portando una palma natural. A diferencia de la Dolorosa, en el Santo se advierten las características propias de la obra de Roldán. Rostro de nariz recta, casi triangular, pómulos ligeramente salientes, labio superior que sobresale respecto al inferior por el surco naso-labial, barba casi bífida, fosas orbitales limitadas por cejas de correcto dibujo, ojos pintados y expresivos, color atezado y cabellera tallada a grandes golpes de gubia con mechones lisos compactos y negros.
A la Virgen de los Dolores, se la presenta erguida, vistiendo igualmente túnica y mantolín, pero con los colores de los mismos invertidos y abriendo sus brazos en actitud exclamatoria. En su rostro se aprecia un leve frunce del señor, un surco naso-labial, boca entreabierta de cierta irregularidad, detalles casi imperceptibles que potencian la sensación de tristeza e indefinible dolor de la Madre.
Ambas imágenes poseen, sobre sus cabezas, magníficas diademas cinceladas a una sola cara realizadas en el siglo XVII, de metal plateado y decoradas a base de roleos.
En ambas esculturas se aprecian una buena conjunción tanto en el encarnado de sus rostros y manos como en el policromado de las vestimentas.Es muy probable que fuera el propio Roldán el que policromara estas dos imágenes, a pesar de que sus mejores realizaciones se las confiaba a pintores tan célebre como Juan de Valdés.
En definitiva, se puede decir que estas dos esculturas exentas son imprescindibles a la hora del estudio de la imaginería portuense, sin olvidar su importancia en el contexto de la escultura barroca.
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