24. Monasterio de San Miguel Arcangel
Del Monasterio de Santa Rosalía de Sevilla, procedían las seis religiosas que fundaron el nuevo convento de la orden de las Clarisas de San Miguel, más conocido como de las Capuchinas. En principio se hospedaron en el Convento de la Concepción y, más tarde en la Ermita de Santa Lucía. El favor del arzobispo D. Luis Salcedo y Azcona y las donaciones particulares permitieron la compra de los terrenos del nuevo convento en la calle Larga.
La primera piedra se colocó el 24 de septiembre de 1733, figurando al frente de las obras el maestro Andrés de Panyagua y el síndico don Francisco de Vos. La inauguración se produjo en el año 1736, celebrándose los actos con una espectacular procesión en la que participaron las autoridades civiles y religiosas de la Ciudad.
Las monjas se instalan en él, el 25 de agosto de ese año, una vez se habían concluido la construcción de las celdas. La iglesia se concluyó en 1747, culminándose las labores con el dorado del retablo mayor, en 1754. Recientemente, las monjas se trasladaron a un edificio de más moderna construcción, pasando el cenobio a pertenecer al ayuntamiento para convertirse en el actual Hotel Monasterio.
Este hecho produjo un cambio de fisonomía importante en el edificio, si bien las estructuras fundamentales se han conservado. El acceso conventual se realizaba mediante una portada adintelada flanqueada por pilastras toscanas, sobre cuya cornisa, se ubica una hornacina que cobija la escultura en piedra de Santa Clara.
Esta portada da acceso a un pequeño atrio donde se abre la puerta de la iglesia, la cual presenta unas características muy semejantes a las de su homónima sevillana, en la que aparece la escultura de San Miguel Arcángel.
La iglesia es de planta de cajón y una sola nave, con bóveda de cañón. Posee coro alto a los pies sobre arco rebajado, ocupando tres de los cinco tramos de la nave. La capilla mayor está cubierta con media naranja sobre pechinas.
Adosado a la nave del evangelio de la iglesia, se localiza el claustro. Su estructura difiere de la habitual en este tipo de disposiciones conventuales.
Este del cenobio capuchino es cuadrado, pero no se resuelve con galerías porticadas alrededor, sino que presenta sólidos muros solo interrumpidos por tres puertas adinteladas a cada lado. Las crujías en planta baja se cubren con bóvedas de cascarón, mientras que el piso alto posee techo plano. El centro del patio lo ocupa un gran espacio rehundido octogonal con escalones en cuyo centro se coloca una fuente.
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